Un estudio realizado por un equipo de investigación del Departamento de Bioquímica, Biología Molecular e Inmunología de la Universidad de Murcia (UMU), y liderado por la investigadora Rut Valdor, demuestra que un péptido, que actualmente se encuentra en ensayos clínicos para el tratamiento del lupus, podría convertirse en un posible tratamiento frente al glioblastoma, el tumor cerebral más agresivo y con peor pronóstico.
El trabajo acaba de ser publicado en la revista científica Autophagy, una de las publicaciones internacionales más prestigiosas de su campo, han informado desde la UMU.
Los resultados revelan cómo el uso de un fármaco específico, el péptido P140, es capaz de neutralizar los mecanismos que el tumor utiliza para manipular su entorno y sobrevivir, y revertirlos.
Este se desarrolló en colaboración con el grupo de investigación en Autofagia, Respuesta Inmune y tolerancia en procesos patológicos del Instituto Murciano de Investigación Biosanitaria Pascual Parrilla (IMIB), donde el equipo desarrolla su actividad científica; y con grupos internacionales de investigación de primer nivel como el Albert Einstein College of Medicine (Nueva York), con la participación de Ana Maria Cuervo; y el CNRS- Universidad de Estrasburgo (Francia), a través de la investigadora Sylviane Muller.
«En nuestro laboratorio estudiamos cómo el microambiente que rodea al glioblastoma contribuye al crecimiento y resistencia del tumor», explicó Rut Valdor, profesora titular de Inmunología y directora de la investigación.
En concreto, el equipo se centra en el estudio de los pericitos, las células que rodean los pequeños vasos sanguíneos del cerebro. En condiciones normales, estas células protegen el tejido cerebral, pero el glioblastoma consigue «reprogramarlas» mediante un proceso llamado autofagia mediada por chaperonas (CMA).
En el caso del glioblastoma, el tumor aprovecha este mecanismo para su propio beneficio. Cuando la CMA se sobreactiva en los pericitos, el tumor los «secuestra» y los obliga a ayudarles a crecer y a esconderse del sistema inmunitario.
Reducción del tumor
Sin embargo, este estudio ha demostrado que el proceso puede revertirse con el péptido P140, también conocido como Lupuzor, una molécula que actualmente se encuentra en ensayos clínicos en fase III para el tratamiento del lupus. Esta molécula neutraliza la activación anómala de autofagia en los pericitos, consiguiendo eliminar las células tumorales.
El papel inesperado de Tau Uno de los hallazgos más sorprendentes del estudio es precisamente el papel de la proteína Tau, habitualmente asociada a enfermedades neurodegenerativas como el alzhéimer. La investigación determinó que, cuando el péptido P140 reduce la CMA en los pericitos reprogramados por las células tumorales, estos comienzan a expulsar Tau al exterior.
En presencia del tumor, este proceso está sobreactivado, de modo que los pericitos eliminan continuamente esta proteína e impiden que se acumule, lo que favorece el establecimiento de interacciones estables entre el tumor y los pericitos.
Por tanto, los altos niveles de Tau perivascular podrían utilizarse como biomarcador para predecir la respuesta al tratamiento, ya que permiten monitorizar su eficacia y comprobar la correcta evolución en el paciente.
Estos últimos resultados fueron validados en muestras de pacientes de glioblastoma, comprobando además la eficacia del posible tratamiento tanto en cultivos celulares como en modelos animales, en los que han podido comprobar que el efecto no se limita a reducir la masa tumoral, sino que también afecta a las células madre del glioma, responsables de la infiltración del tumor en los tejidos sanos del cerebro y de muchas recaídas tras los tratamientos actuales.
Resultados patentados
Los resultados de esta investigación están protegidos por dos patentes de la UMU. La primera de ellas protege el uso terapéutico del péptido P140 para el glioblastoma, mientras que la segunda protege el uso de Tau como biomarcador específicamente asociado a este mecanismo de autofagia mediada por chaperonas en pericitos. Estos importantes hallazgos abren la puerta a avanzar hacia futuras fases preclínicas y clínicas.
El estudio científico ha sido financiado por el programa Ramón y Cajal y por proyectos del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades y la Agencia Estatal de Investigación, cofinanciados por el Fondo Europeo de Desarrollo Regional (Feder).
La parte más traslacional del proyecto ha sido financiada principalmente por el programa CaixaImpulse Innovation de la Fundación La Caixa.
Además, el trabajo contó con el apoyo inicial de un proyecto financiado por la Fundación Séneca – Agencia de Ciencia y Tecnología de la Región de Murcia. Asimismo, la investigación se benefició de financiación internacional a través de las instituciones colaboradoras en Francia y Estados Unidos.







